De luz y oscuridad…


Muchas veces han leído en este blog, que he dedicado algunas entradas a escribir sobre la observación y sobre por qué creo que es importante desarrollarla como una habilidad interpersonal.

Y es que, justo la semana pasada, tuve la oportunidad de comprobar una vez más mis impresiones sobre alguien que me costaba trabajo leer debido a que no existía trato personal, sino a través de medios electrónicos.

A pesar de que algunas personas recientemente me han hecho comentarios en el sentido de que pudiera estar asumiendo comportamientos, déjenme aclarar que, sí, quizá desde un punto de vista superficial, para algunas personas la observación significa emitir juicios sobre situaciones o comportamientos aislados, que no pueden extrapolarse a un comportamiento general, y efectivamente, en la mayoría de los casos, no puedes hacer generalizaciones con una muestra tan pequeña de situaciones o casos, es más, como ya sabemos, aún teniendo el 99.9% de los datos, siempre será imposible conocer la realidad a través de métodos científicos, porque así es la realidad, demasiado compleja para entenderla a cabalidad por nosotros. Sin embargo, también es cierto la confiabilidad de la observación se basa precisamente en el número de casos que hayas registrado, pero como las relaciones humanas distan mucho de ser una ciencia exacta, pues solo podemos guiarnos por nuestros aprendizajes significativos sobre las personas y situaciones.

Dicho lo anterior, creo que cada uno de nosotros es capaz de emitir “señales” cuando lo que comunicamos es realmente honesto, y cuando no, también. La cuestión es que no todos tomamos tan en serio a nuestro interlocutor como para analizar esas señales y actuar en consecuencia, no es soberbia, el creer eso, y si en más de una ocasión lo has podido comprobar, es porque tampoco es tu imaginación.

Todos dejamos parte de nuestra personalidad en cada cosa que hacemos, desde que nos levantamos, hasta que nos acostamos, cuando llegamos o salimos de la oficina, cuando convivimos con nuestros seres queridos, cuando nos disgustan o agradan ciertas situaciones, pero estamos tan acostumbrados a no ver esos rastros, que creemos que no los dejamos. ¿Quién podría darse cuenta de ellos?

Sí, si han notado el parecido con sus paranoias sobre internet, están en lo cierto, como siempre he dicho, no tenemos una tal “vida virtual”, es la única vida que tenemos, y no es de extrañarse que compartamos ciertos rasgos online, ¿qué es en donde más nos damos cuenta de esos rastros? sí, quizá, pero esos hábitos persisten, y están ahí, para bien o para mal, para quien los quiera identificar, quien quiera buscar patrones, tendencias, comportamientos, reacciones, predicciones y conductas.

¿Por qué seguimos creyendo que somos especiales?

Es porque solo esperamos que algunos nos vean como individuos.

PD. Según el Fondo Económico Mundial, para 2056, la Inteligencia Artificial, será capaz de sustituir al ser humano en toda actividad que actualmente es capaz de realizar únicamente la humanidad.

¿Da miedo no? ¿Qué haremos para sobrevivir a nosotros mismos?.

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