Cambiar, por las razones equivocadas.


¿Que tan inmutables somos?

Esa es otra más de las dualidades del día a día. Por lo general, nos sentimos muy orgullosos de ser siempre nosotros mismos, de creer que somos lo que somos y no vamos a cambiar por nada ni nadie, admitámoslo, nos encanta llenarnos de esa pequeña dosis de soberbia y autoengaño. Otras veces, también nos llenamos la boca diciéndonos que por el contrario, nosotros sabemos adaptarnos y cambiar conforme las situaciones se presenten, porque también nos encanta creernos súper maduros como para alejarnos de nuestros deseos e impulsos básicos, así pasan nuestros días, entre el ir y venir de un extremo a otro, aunque podría apostar a que cada uno tiene su lado favorito.

Como todo humano, te he juzgado por no estar de este lado, aquí, conmigo, apoyándome, en mi favor y no en mi contra, incluso cuando he estado del lado incorrecto, siempre he preferido que estés aquí y no del otro lado, tu y yo sabemos que no soy tan bueno lidiando con conflictos existenciales, porque tiendo a profundizar mucho en ellos, soy, como una estrella que se acerca a un agujero negro, entre más se acerca, más velocidad alcanza lo que la acerca más, y tu, eres mi agujero negro. Entre más me acerco a ti, entre más intento entenderte, más me atrapas, más me llevas a tu horizonte de eventos, de donde nadie ha regresado.

Comienzo a pensar que no tengo remedio ni salvación, que todo está perdido. Que es mejor matar toda esperanza quemando las naves, aunque siempre quede el ¿Y si hubiera…?

Desde que nos conocimos, te consideré una de las pocas curiosidades en mi vida, tu afán de explotar para desatar tu brillo, de fusionar toda tu energía para producir un solo destello… En cambio yo, yo no sé ni quién soy, me gusta creer que soy un observador del universo, sus peligros y milagros.

Esta sensación de haber perdido la curiosidad, de saber lo que pasará (aunque nadie pueda saberlo). Me tiene en un estado en el que no me gusta estar. Y el resto del mundo, tampoco pone de su parte.

Quiero que regrese, la que ya no eres.

¿Cambiar? sí, claro, lo celebraría, si no lo hicieras por las razones equivocadas, para satisfacer a las personas equivocadas.

Un día me dijiste que no querías verte a los 35, preguntándote ¿cómo habría sido si hubieras hecho todo lo que habías querido?, pues bien, cada uno tiene sus miedos y el mío, es haber perdido mi tiempo con las personas equivocadas, porque no somos más que las relaciones que construimos, aunque eso signifique hacerlo sobre las ruinas de las que destruimos.

Todos deberíamos tener una etiqueta que diga “frágil, manéjese con cuidado.”

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