Y te crees más listo que tu mismo.


1. No, esto no es un drama.

Y un día, te crees más listo que tu mismo (el tú que habita en tu interior, ese que la mayoría de las veces escondes en el calabozo de la verdad, de los buenos consejos, de la asertividad)

Te crees que tienes los elementos para escapar de las circunstancias que él a bien te ha explicado como se han de desarrollar. Y sí, estúpidamente crees que puedes salirte con la tuya, que ésta vez a ti no te va a pasar lo mismo que a él, porque tu eres más chingón y tienes más dominado el asunto de “no dejar al alcance de los niños” la gasolina y los fósforos.

Y entonces cedes, recibes una llamada un día cualquiera, de quien hace cuatro meses no sabes nada, de quien se fue dejándote el corazón roto de la forma más pendeja posible, por whatsapp, después de todo, ¿qué esperabas? tenía que ser millenial.”Obviiiii”.

De inmediato él, (el tú encerrado en el calabozo de la verdad) lo advierte, sabe perfectamente bien por qué suena tan titubeante, pero sabe aun mejor por qué es que no es la única, tu también, te quedas congelado porque no sabes como reaccionar, no sabes si fue buena idea atender el teléfono, o debiste simplemente dejarlo sonar como juraste que ibas a hacerlo en cuanto sonara, -tardó 4 meses, pero eso sí lo sabías, que terminaría por sonar-.

Escuchas, y haces lo que siempre haces, no detenerte a mirar las cosas que están pasando.

¿Qué está pasando? lo obvio, culpas y remordimientos, de los dos lados, buscando salir para ver si después del conflicto hay supervivientes, o algún pedazo de cualquier cosa que rescatar, de reconocer a los caídos y tener la oportunidad de llevarse a sus muertos en tensa calma.

Lo cierto es que, aunque me pese, pareciera ser que lo que se rompió ya no será posible repararlo, a pesar de los esfuerzos, a pesar de lo mucho que pensemos en todos los actos rebeldes para vencer al orgullo, a pesar, de que hayas perdido la confianza en mis palabras.

Pero ya no sé que más hacer, no sé que más decir, que no tomes como un ataque a lo que eres, y honestamente, ya no sé como no tomar todo lo que dices o haces de la misma forma hacia mi. No sé si esto es solo una turbulencia, o este avión está condenado a estrellarse, no tengo miedo de eso, si tiene que ser así, pasará, de lo que sí tengo miedo, es que, ya no quede nada que rescatar de los escombros, ni siquiera los recuerdos.

Así es como deben sentirse esos pueblos que han sido uno, esas familias que se han vivido tantas cosas y ahora por voluntades ajenas tienen que vivir separadas por una frontera de quienes no supieron resolver sus problemas, y ahora solo les queda la infame diplomacia para seguir fingiendo la paz.

No quiero esto, quiero la libertad que existía, la confianza, las risas, los buenos momentos, los abrazos que no eran de despedidas. Me siento como si estuviera en la secuencia final de Coraline, en donde todo se va volviendo gris y deteriorado, lo que antes estuvo lleno de color y que el tiempo ha convertido en ruinas.

Vengo a escribirte a este rincón, como para que no me leas, o como para que encuentres por fin, a quien soy.

Y si al final, todo esto solo fue para redimirte, que así sea y esto se evapore como tiene/tuvo que ser. La incertidumbre no es el condimento que más le guste a mi vida.

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