_____ por convivir.


Una de los retos a los que uno se enfrenta conforme va madurando (creo), o al menos, del que uno se va haciendo más consciente y responsable, es el que corresponde a no crear falsas expectativas para otros.

Es decir, sí, hubo un tiempo en que el protocolo y los contratos sociales de amistad o compromiso nos permitían tener cierta flexibilidad para ceder en los acuerdos, o sea, decías una cosa y hacías algo que no era totalmente lo que habías prometido, y visceversa, te prometían algo y terminaban haciendo algo ligeramente similar, y bueno, de cierto modo se aprende a ceder, a hacer menos de lo que uno promete, a recibir menos de lo que uno espera.

Pero creces, maduras, entiendes.

Creces y tus circunstancias cambian, tus tiempos cambian, tus necesidades cambian, TODO cambia, pero por alguna extraña razón, sigues con esa costumbre, hasta que en algún momento, esa costumbre comienza a sentirse arcaica, ineficiente, de repente, comienza a molestarte no hacer lo que dijiste que ibas a hacer, de la forma en que dijiste que lo ibas a hacer, y también, por otro lado, comienza a molestarte no recibir lo que te dijeron que ibas a recibir, de la forma y en el tiempo en que lo ibas a recibir.

Pasa con todo, con la política, con los servicios, con tu comida, con tu dinero, con tus amigos, con la sociedad, con la vida, contigo.

De repente ya no aceptas que te prometan reuniones que sabes desde el inicio se postergarán semana tras semana, o que sabes que solo son para que la otra persona se desahogue contigo porque eres de las pocas personas que aún le quedan en su bolsa de amigos o conocidos (porque todos los demás le hacen a ella, lo que ella de hace a ti, postergar y postergar).

De repente, ya no aceptas pagar los 50 pesos extra que te cobran por un servicio que evidentemente no utilizaste (aunque puedas pagar esos 50 pesos sin que eso signifique quedarte en la calle).

De repente, ya no quieres conocer más gente, por la inversión que implica, es decir, no solo el tiempo invaluable para conocerse, se elevan los riesgos, uno defiende más su propia personalidad, sus ideas, sus valores, su dinero. Ya no te resulta tan atractivo invitarle una comida a alguien, no porque no puedas pagarlo, sino porque no le ves la utilidad emocional en que eso se traducirá.

De repente, todo se vuelve tan poco atractivo para comprometerse, para profundizar, entiendes el valor del tiempo, de las relaciones, del dinero, del espacio, de la distancia, de la educación, de la vida.

Y no lo puedes creer, que mientras más aprendes, más conoces, comienzas a querer saber y conocer menos de todo, comienzas a creer en la falsa idea de que conoces todas las respuestas, en que puedes ver el futuro antes de que suceda solo por los comportamientos históricos de los hechos similares.

Comienzas a reducirte a tus 40 centímetros de espacio vital.

¿Cómo escapas a ti mism@?

 

 

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