Saber mucho de muchas cosas…


Recuerdo uno de los tantos días de cuando caminaba por los pasillos de Ciencias (en honor a la verdad, y viéndolo a la distancia, literal eso hacía, estudiar pues… creo que en ese entonces no se me daba), platicando con Mauricio entre el Tlahuizcalpan y el Prometeo,  (no lo sabe, pero sigue siendo una inspiración para mi, y nunca olvidaré su apoyo incondicional, aunque ya no sepa nada de él) me contaba sobre “los olímpicos”, no, no los juegos olímpicos, sino humanitos  excepcionales que en su mayoría provenían de Escuelas Preparatorias de la UNAM (y uno o dos de CCHs), eminencias en el campo de las ciencias, (bueno, también eran como una clase superior, porque así eran adiestrados y digo adiestrados, porque eran brillantes en ciencias pero un tanto “limitados” para relacionarse con el resto de los humanos, al menos por lo que pude darme cuenta intercambiando algunas palabras con dos de ellos).

En ciencias, es extremadamente fácil empezar a hablar sobre tu comida, y terminar con una discusión sobre temas cabrones de física, matemáticas o lo que pinches se te ocurra que te cueste un huevo y la mitad del otro entender, aunque, a decir verdad, es toda una experiencia de vida.

Por lo general, siempre teníamos algunos minutos (u horas) entre clases, sobre todo Gerardo y yo, que teníamos un horario de muerte con muchas horas ahorcadas, todo porque renunciamos a algunas materias para “no ir tan mal” –creo que al final eso no fue tan buena idea, pero nos dimos cuenta demasiado tarde-. Gerardo estaba igual que yo, éramos un par de extraños en esa comunidad, nuestras habilidades no eran precisamente “brillantes” y algún tiempo después, cuando ya me había ido a Administración, me enteré que él se había ido a estudiar Medicina a la UAM, espero que ahora le vaya muy bien.

“Saber muchas cosas de muchas cosas”, fue la respuesta de Mau, cuando los tres nos preguntábamos que es lo que queríamos hacer de nuestras vidas en esos momentos difíciles (obviamente, no para Mauricio). Tomé esa respuesta con un poco de indiferencia, como si fuera por compromiso que él lo decía, ahora creo que a pesar de que me considero un buen amigo, me faltó muchísima empatía con Mauricio, o no tanta, después de todo, por algo no me dejó renunciar cuando 10 veces al día yo me repetía que ese no era mi camino.

Hoy, me doy cuenta de que en algún momento elegí el mismo camino que Mauricio inconscientemente, lamento no haber sido un mejor amigo y dejar que las creencias políticas nos distanciaran aún más, pero jamás lamentaré los pocos meses en que conté con su amistad. De vez en vez, me preguntan “¿Cómo sabes tantas cosas?”, a lo que únicamente atino a contestar “no lo sé, solo las sé” mientras pienso en aquella respuesta de Mauricio. “Saber muchas cosas de muchas cosas”.

Por él conocí a “Les Luthiers”, con “La gallina dijo eureka”

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