De apoyo y de a huevo…


En las últimas semanas, me he reconocido más alerta, y, aunque bien podría definir algunas situaciones como peligrosas, lo cierto es que en el fondo, no me preocupan, sino que me ocupan.

Los que me conocen, saben que de vez en vez, tiendo a adoptar un estado letárgico en donde todo permanece tranquilo, ideas, actitudes, emociones, razones, sentires, en fin, como que se me va el chiste pues, y personas como yo, que necesitamos mantener ocupadas nuestras mentes no solemos controlar muy bien la incertidumbre, (salvo en los casos en que asumamos una seguridad –real o simulada-, en donde entonces sí, nos divierte ser políticamente incorrectos).

Lo siento, así soy, eso es “mi chiste” y ojo, no es para nada soberbia o pedantería,  es que intento ser claro con las personas “en eso sí soy irreductible” (como diría Oliverio Girondo), ¿para que perder el tiempo en simulaciones si podemos evitarlo con ser honestos definiendo y comunicando las expectativas que tenemos?

Hoy, mientras veía una muy mala (¿secuela?) de “El día de la independencia” por un momento m mente voló hacia el pasado, para revivir un fragmento de una clase con el maestro Gerardo Domínguez (de los primeros libre pensadores que tuve la fortuna de tener en mi camino, el otro fue Raúl Irigoyen (Química/Física) y Roberto –mta, en este momento no recuerdo su apellido (inglés)-, todos ellos, buenos lifehackers).

En ese fragmento (y gracias a su habilidad y creatividad para crear historias), nos hablaba de una pollería nueva en el mercado de la colonia (obviamente con el tiempo aprendes a que todo es ficción, pero que el mensaje es real), esta pollería acababa de inaugurarse con todo lo que se acostumbraba hacer, ya saben, poner un par de bocinas, algunos globos, buenos precios, y lo principal, la mercancía de primera para ir haciéndose de clientela.

En cierto momento del día y para seguir incentivando el consumo y difusión del negocio, se empezaron a formar dos filas, como se forman las filas normalmente, el tercero formado ya no sabe a ciencia cierta para qué está ahí.

Por un lado, estaba una fila bien definida (de esas que son típicas de las escuelas, los lunes a la hora de los honores, cuando el maestro pasa con autoridad desbordante a vigilar que todos estén alineados al milímetro), por lo que se podía ver desde atrás todas las personas permanecían alineadas y en silencio esperando su turno. Eso sí, no sin dejar pasar la oportunidad de echarle bronca a quien se intentara meter en la fila saltándose “el destino manifiesto” de ir un lugar por delante de los otros, los méritos, o sea haber llegado primero, y ser “el que sigue” en la línea. Lo más probable es que ninguna de las personas en esa fila sabía exactamente para que estaba ahí, y obviamente era impensable romper el esquema para cuestionarse si estaban en la fila correcta. ¿Les ha pasado?

Por otro lado, existía otra fila, no tan bien definida como la primera, en donde al parecer, todos los miembros se conocían de una forma muy peculiar, y casualmente, cada nueva persona que se sumaba, conocía a alguien en la fila, no importando mucho el lugar, incluso se les veía salirse por un momento de la fila para saludarse muy amablemente sin que pareciera representarles ningún peligro de que alguien más les “agandallara” el lugar. En esta fila, sin embargo, el tiempo de avance era menor que en la primera, después de todo, ¿Quién puede disfrutar estar más tiempo esperando de pie en una fila? ¿Acaso estaban locos? nadie normal podría hacer eso sin chistar.

A medida que pasaba la mañana, ambas filas fueron haciéndose menos densas,  hasta que se alcanzó a ver el principio, se podía ver el mostrador de la pollería. Si logró atraer a tanta gente, debe ser por algo.

Como no tenía ninguna expectativa, ni información al respecto, se acercó como pudo al mostrador y se quedó sorprendida, todas las personas que llegaban al frente de ambas filas, terminaban con un producto distinto, pero extrañamente, todas salían felices, lo que no podía creer, y más aún, cuando era obvia la diferencia, dos productos tan distintos, no podrían generar la satisfacción ciega y más si cada persona podía ver lo que recibía el de la otra fila. No, algo estaba mal.

Por un lado, cada persona en la fila que avanzaba lentamente salía feliz con un pollo entero de esos que parecen salidos de un comercial. Del otro lado, cada uno de los que llegaban al mostrador, recibía un huevo, al que por 10 pesos más le incluían un kit para que pudiera cuidarlo y tener la posibilidad de verlo convertirse en un polluelo.

La señora, muy inquietada, esperó a que el dueño tuviera un espacio libre para poder preguntarle sobre qué es lo que estaba sucediendo, verdaderamente no entendía la situación, no parecía haber nadie descontento. Al fin, el dueño se hizo un espacio y atendió a la señora.

-Sí, dígame, ¿en qué la puedo ayudar?

-Francamente, podría ayudarme a tratar de entender por qué hay dos filas, y todos parecen irse satisfechos.

-Con gusto le explico. Las personas que están formadas en la fila que avanza más rápido, no vienen a comprar lo que vendemos, y tampoco les interesa saber realmente qué es lo que están comprando y eso siempre tiene un precio, que en este caso es de 10 pesos. La probabilidad de que vuelvan mañana para comprar pollo es casi nula.

-Por otro lado, las personas que están formadas en la fila que avanza más lentamente, se llevan de regalo un pollo completo. La razón de que avance más lentamente es que, limpiar un pollo es una tarea que lleva un poco de tiempo y solo quienes vienen con la intención de comprar lo que vendemos entienden y saben esperar con paciencia un producto de calidad, con una probabilidad muy alta de que vengan mañana a comprar pollo.

-¿Pero a caso usted no pierde dinero con la mercancía que regala?

-Sí, eso es lo que podría parecerle a usted, pero solo es su percepción, no el hecho.

-Sigo sin entender, al final, creo que usted va a terminar perdiendo dinero por regalar su producto, y no va a durar mucho tiempo antes de que tenga que cerrar su negocio.

-Es un riesgo evidentemente que eso pueda suceder, sin embargo, cualquier inversión es poca, para darme cuenta de quienes pueden convertirse en clientes y quienes no, quienes vienen “de Apoyo” y quienes vienen “de a huevo”.

Pum! desde entonces se me quedó grabada esa clase, sobre todo porque es muy poco frecuente que te encuentres con hacks tan significativos y útiles  cuando vas en la secundaria, que te vienen a la mente 18 años después mientras ves una mala película gringa en el cine.

Todo mundo sabe que las probabilidades de que nazca un polluelo de un huevo no fertilizado son, pues… lo saben ¿no?.

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