Mi vida antes de los 31.


Lo padre de bloguear, (placer culposo, y adictivo para una selecta parte del mundo cibernético), es que de vez en cuando, te encuentras con post completos, o parciales que más pareciera que escribieron a partir de leerte la mente, que otra cosa.

Pero así somos los humanos, empáticos por naturaleza. Porque a pesar de ser tan diferentes, sigo pensando que hay algo entre la ciencia y la fe, que nos mantiene comunicándonos y compartiendo muchos rasgos, aunque no lo parezca. Algo así como que hay una red invisible que nos conecta a todos, -¿Recuerdan Avatar?, algo así-.

Soy fan de observar el mundo, por lo que sea que dure mi estancia en él.

Ya viene el cumple 30 y los últimas semanas no han sido del todo como me las esperaba, sí, casualmente, a principios de Mayo me imaginaba una vida un poco más tranquila en varios aspectos, y ha resultado ser todo lo contrario, cambios, cambios y más cambios, y por primera vez me siento como la hoja de un árbol que cae a un arroyo y no puede más que ser arrastrada por la corriente, sin voluntad, sin fuerza, que va dando de tumbos en cada pequeño remolino que se forma entre las piedras y el agua.

Puuuum!, al mismo tiempo, estoy en un dilema que no es nuevo, aunque se ha vuelto más recurrente, entre liberar todo el hartazgo negativo que me rodea, y por otro lado, guardar la calma y la compostura, tratando de asimilar que el mundo es como es porque no se puede cambiar, pero vamos, que esa última idea es un sin sentido si nosotros existimos para darle forma a ese mundo.

Sucede que es más fácil ajustarnos a las circunstancias que cambiarlas.

Me ha dado por pensar que uno de tantos problemas que tenemos, es no saber utilizar nuestros sentidos más allá de la mera función biológica, es decir, vemos pero no observamos, oímos pero no escuchamos, tocamos pero no sentimos, y si eso pasa con lo más simple y básico de estar vivos, está cabrón pedirnos que pensemos de una manera diferente, diferente, diferente, diferente, esa es la palabra.

De la misma forma que la red invisible nos conecta, hay una fuerza que siempre termina separandonos, quizá es el complemento que mantiene el equilibrio, debo dejar de pensar que es más fácil hacer lo correcto, porque en todos sentidos y día a día, las decisiones que otros toman, las que tu tomas, demuestran que no lo es.

“Y sin embargo, se mueve.”
-Galileo Galilei.

Memorias de una princesa

Ayer fue el cumpleaños de mi amiga Lilia. Estuve con ella, compartimos un tiempo agradable. Y al final de la fiesta, como viene siendo costumbre, ella tocó su darbuka, y yo bailé al son de un par de canciones árabes que amamos. Hace mucho [mucho tiempo] que no lo hacía, porque, digamos, este ha sido un año diferente. Pero las chicas de mi entorno tienen ganas de fiesta, por lo tanto es probable que organice una con las más cercanas a razón de mi cumpleaños. La he hecho en 3 o en cuatro ocasiones, y he invitado a tantas chicas como he podido. Pero esta vez, sólo invitaré a aquellas con las que me sienta más cómoda. Supongo que habrá cous-cous. Bueno, ya tendré tiempo para organizarlo.

Estos son mis últimos días de “30 añitos”. ¡Han sido fantásticos! Digamos que he reorganizado un poco mi vida. Y…

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