Yo merezco más, quiero más, necesito más, doy más, exijo más, yo, yo, yo, yo…. y no, no es a huevo.


Este es el pensamiento que nos está dando en la madre. “YO MEREZCO MÁS”

En los tiempos que corren, creo que ese pensamiento ególatra de que merecemos más, es lo que nos tiene inmersos en la profunda infelicidad de la rutina cotidiana, que nos hace machacarnos la cabeza preguntándonos por qué es que no somos tan felices como deberíamos ser, bajo unos estándares que ya están más que obsoletos, y que ni siquiera sirven al más mezquino de los actores, el mercado.

Y es que, refiriéndonos principalmente al punto de buscar una pareja, (y puede aplicar a muchas otras situaciones de la vida, como el trabajo o satisfacciones en general) salimos al mundo buscando lo que nos hace falta, pero esforzándonos tremendamente para no encontrarlo.

Todos conocemos a alguien que quizá está pasando por un momento de “es que no encuentro a la persona que me comprenda, y que sea la adecuada para mi”, y si creen que no, tómense dos minutos más para volver a pensar y l@ encontrarán.

Filias y fobias aparte, y partiendo de hacer un gran ejercicio de autocrítica, si bien a todos nos gustaría encontrar ese amor ideal (literal) que nos “complemente”, lo cierto es que en la realidad, pocas veces sucede, y en esos casos, no es producto de la perfección ni del destino manifiesto de encontrar la felicidad porque lo merecemos por ser tan perfectos, tan geniales, tan superiores. Al menos eso es lo que ingenuamente suponemos, pero como  yo, seguro que ustedes también se habrán topado con alguna situación en la que descubren que ni son tan perfectos, ni tan geniales, ni tan superiores como lo han creído toda su vida, o incluso, como los demás (incluida la familia) se los han hecho creer. No señor@s, la verdad es que cuando las cosas funcionan solo lo hacen porque ambas partes tienen la habilidad para ajustarse a la realidad, para aceptarse y adaptarse a las circunstancias, que incluyen todos los defectos y cualidades. Eso ya lo saben, sólo que nos encanta hacernos medio weyes ¿verdad?

Es por eso, que en ésta ocasión quiero pedirles de la manera más atenta a esas personas que le están gritando al mundo su insatisfacción por no encontrar lo que buscan, que de la manera más atenta y por favor, DEJEN DE chingar, mamar, joder (o inserte el calificativo que más le convenga aquí).

Entiendo, de verdad entiendo la frustración que se siente cuando no encuentras lo que buscas, o al menos cuando crees que no encuentras lo que crees que buscas, porque ni siquiera te has dado el tiempo para definir que es lo que necesitas encontrar, solo buscas por buscar, hasta encontrar algo que te guste, o en este caso, a alguien. Alguien que te haga sentir bien, que no te demande la ardua y tediosa tarea de cambiar para ajustarte a él/ella, y en esto es donde debo alzar la voz, en la única y exclusiva preocupación de que la otra persona SEA lo que tu buscas, y el no preocuparse por SER tú lo que otr@s buscan. ¿Así cuándo? Las matemáticas no nos dan. Mucha demanda y nada de oferta.

Siempre estará el riesgo y la incertidumbre de no encontrar a esa persona que nos complemente “como anillo al dedo”, y si tenemos la suerte o el tino de encontrarla, esta no será una victoria estática, no, requerirá de luchar todos los días para que siga manteniéndose así. Por el contrario, si aún no ha llegado ese momento ni esa persona con la que podamos coincidir, entonces hazte un favor a ti y a los demás, de verdad, deja de quejarte y decirle a todos que a pesar de tus esfuerzos simplemente, no llega. En particular, hoy lo digo porque está cabrón lidiar con alguien así. Un día, aceptas una invitación a un evento al que ni siquiera querías ir, solo porque te abres a la posibilidad de conocer a alguien de otra forma que no sea la acostumbrada, asumes el riesgo y dices “va, exploremos el terreno”, aunque no estabas buscando (ni gritándole al mundo que no encontrabas por ende) nada en particular, fue una serendipia, y eso te llevó a otro movimiento, hacer otra invitación a un evento al que esta vez sí te interesa ir, ¿y qué recibes?, un “hoy no joven, no me gusta esa diezmillonésima parte de lo que es usted”, y lo único que puedes pensar es… ¡no mames!, más, cuando esa persona está en el mood que mencionaba “no encuentro al indicado”. Pero así es la ironía, unos persiguen la liebre sin alcanzarla y otros sin querer la alcanzan.

Al final, también entiendo que cada uno tenga sus filtros, sus gustos y disgustos por los cuales no siempre se establece una relación, desde los aspectos físicos, hasta los psicológicos (y en ellos entramos a terrenos más cabrones), y eso no cambiará, al final, si no te gusto, pues no es a fuerza, si no compartes mis valores, ni a madrazos vas a poder desarrollarlos, porque esa etapa ya fue, y no los tienes, ni los tendrás. Esa es la pluralidad y complejidad del asunto, pero por favor, no le agreguemos esa capa de mentir por convivir, y menos cuando al que le mientes sabe (a diferencia tuya) lo que quiere y no quiere encontrar, decir que “estamos buscando arduamente” cuando en realidad solo estás esperando a que llegue cualquier cosa (o persona) para poder evaluar y elegir entre una o más alternativas (entre más, mejor), evitándote la pena de realmente BUSCAR, que no es otra cosa  más que invertir tiempo (recurso no renovable) y esfuerzo (el dinero, pues sí, pero ese lo gastas igual) en permitirte conocer otros puntos de vista diferentes a los tuyos, de salir de tu área de confort y darle la oportunidad a otros de sorprenderte. Ahora que lo escribo, creo que si a eso le pusiéramos nombre sería: cobardía.

Pero bueno, acá les dejo otro post de Karina, yo coincido con ella en que después de todo, esto no es a huevo! pero allá quien piense que sí. Jodid@.

Que feo ha de ser eso de andar por ahí sin saber…

Pd. No está mal pensar que mereces más, lo malo está en que quizá no lo merezcas.

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