Frenesí de sensaciones.


Después de una buena clase de Seminario de Investigación, me doy cuenta de que tengo la habilidad de conectar con ellos, de seguirles el paso, de amarrarme a las ideas y ayudar a tejer las sinapsis, me desbordo de placer, como cuando saboreas tu postre favorito hecho por ti. El producto de tu esfuerzo y cariño que converge en una cucharada palpitante de ti mismo.

ooo

Salgo lo más rápido que puedo del salón, me dirijo al estacionamiento, curiosamente ya no hay muchos autos en él, tranquilidad que comienza a darle paso a una pequeña ventisca fresca, sí, de esas que sólo anuncian lluvia. Desde ayer por la noche no servía la pluma automatizada del estacionamiento, hoy cuando llegué estaba igual de descompuesta, así que al final, sin proponérmelo el sistema sólo descontó un día. Su culpa.

ooo

Me dirijo hacia Xochimilco, intentando no perderme y llegar rápidamente a la salida a Oaxtepec, pasando por lo que presiento, será un lugar caótico que me quitará bastante tiempo, quizá hubiera sido mejor idea usar la autopista, sin embargo, los pesos que traigo en la cartera hubieran sido insuficientes para el atrevimiento, sigo.

Me distraigo en un semáforo y olvido dar la vuelta, no sé como, llego a la plaza de Xochimilco, jamás había estado ahí, aunque recuerdo que la banda de ingress me hablaba de que había muchos portales en la zona, me orillo y bajo a hackear únicos, 10 minutos después, prosigo el viaje, ahora no sé por donde salir de ahí, dos vueltas a la plaza lo demuestran.

Es tarde, veamos Maps y tomemos decisiones, nunca dije que fueran buenas decisiones, salgo a una pequeña carretera que me recuerda la México Cuautla, cuando aún no la hacían autopista, me recuerda a como se veía hace unos 20 años, con filas de árboles enormes a cada lado y dos carriles que te mantienen a raya de cualquier intento de rebase.

Al final, resulta que esa opción fue la mejor, Maps me indica que si hubiera tomado el camino “oficial” hubiera tardado 32 minutos más en llegar a la desviación a Oaxtepec. Comienzan a verse relámpagos a lo lejos.

ooo

Mientras subo la pequeña cadena de montañas, la carretera se vuelve más oscura, el lienzo perfecto para el espectáculo que estoy a punto de presenciar; busco una canción que me mantenga concentrado en el camino y subo el volumen, pronto llegaré.

Suena “Highway to the hell” de AC/DC, y pienso que siempre me ha hecho dudar el algorítmo de “random”, a veces creo que lo escribió el mismo Dios. Otras, no.

En un minuto me doy cuenta de que estoy en la parte más alta del recorrido, y que comienza el descenso, y la vida me regala la sincronización de esta rola con un espectáculo de luces inmejorable, rayos y centellas, iluminando todo cuanto alcanza mi mirada, WOW, eso es rockear con estilo.

ooo

Mientras bajo la ventanilla, llega hasta mi, una sobredosis de un aroma dulce, sí, el orgasmeante “olor a tierra mojada” satura mi sentido del olfato, mientras hay una brisa bastante agradable que me recuerda cuando recorría el mismo camino años atrás en el asiento trasero del Renault 18 2.0, o del viejo R-12 amarillo canario que terminó desfigurado por mi cuando apenas intentaba aprender a conducir.

Dios y yo mantenemos una conversación, a su estilo, me pregunta por mi vida, por como me siento, por como me hacen sentir algunas personas, pero sobre todo, constantemente me pregunta ¿cuál es mi sensación favorita?, la música, las luces que ha preparado, el aroma, o la brisa fresca que impulsa contra mi. No puedo responder en este momento. Tendrá que esperar.

ooo

Por un momento, le doy vueltas a la idea de si en algún lugar, alguna “ella” está disfrutando tanto como yo de ese momento, en que convergen todos los sentidos en una orgía hedonista. Seguro que sí, igual está recibiendo su sobredosis de felicidad.

ooo

Por fin llego a casa, temperatura de 20°C en el exterior, con lluvias ligeras, al interior, sensación térmica de al menos 27°C, bajo mi equipaje del auto, platico unos minutos con mi madre, y voy directo a dormir. Cansado.

Rodando de un lado al otro de la cama, no consigo dormir, ¿dije sensación de 27°C? en este momento deben ser unos 30, jodido el asunto, no me queda de otra que abrir las ventanas y arriesgarme a que entren también los mosquitos, al instante, más brisa, ya no más por favor, ya no más, soy feliz, pero estoy cansado, pero al parecer, nunca se está lo suficientemente cansado como para embriagarse del aroma a “tierra mojada” y más aún si le agregan un chorrido de aroma a “sereno”, adictivo.

Enciendo la computadora y comienzo a escribir esto.

 ooo

Recibo una sobredosis de felicidad, sólo espero que no sea pronto que tenga que pagar por tal beneficio.

Me declaro adicto al sabor de la vida.

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