Consúmete en tu propia llama.


Era lo que decía mi maestro de microeconomía en la facultad, quien también se atribuía ser parte de la masonería y como corresponde, ser conocedor de todas esas artes reservadas para los “elegidos”.

Es increíble como es que las personas estamos conectadas, la energía que fluye entre nosotros, sin saberlo si quiera. Una llamada basta para poner en marcha toda esa maquinaria tan complicada que has venido construyendo desde hace unos meses, todos los días añadiendo una pieza sin saber si quiera para que, ¿para cuándo? ¿para qué?, no lo sabías, pero aún así seguías construyéndola.

Los pocos que me conocen bien, saben que quizá no tenga muchos méritos propios o ajenos, pero sí que tengo algo que creo me hace especial, la capacidad de cortar las amarras y echar a la mar. ¿Es ahora el momento?

No lo sé, lo cierto es que, tantas veces hemos hablado de cosas sin sentido, hemos reído y reñido juntos por cosas triviales (y otras no tanto), sin ser conscientes de la fortuna que tenemos de habernos conocido, de coincidir para conocernos mutuamente y reconocernos en el otro.

He perdido la cuenta de todas las veces que he querido renacer, sin embargo, como lo puede constatar este blog, en los últimos meses, esa sensación ha venido reapareciendo cada vez con más frecuencia, aunque lamentablemente en ninguna de esas ocasiones he tenido la fuerza para iniciar el proceso de reset.

Y es que… ¿Qué es lo que nos hace ser quienes somos? ¿Qué nos hace seguir haciendo lo que hacemos? ¿Qué nos impide cuestionarnos si lo que hacemos es lo mejor para nosotros mismos? El miedo.

El miedo a perder lo poco que se tiene (o que se cree que tiene), el riesgo de saber que ay mil posibilibilidades de que todo salga mal, pero que, como todo en este universo, también existen las mismas probabilidades de que salga bien. ¿Qué probabilidades hay de que existamos en este planeta con toda la vida que tenemos a nuestro alredededor? (Una, se llama Planeta Tierra), pero somos esa probabilidad, le dimos vida. -sic-.

Hoy, escuché un llamado -sic-, seguro estaba ahí afuera, resonando junto a los restos del big bang, esperando que un día coincidiera con mi frecuencia de resonancia para escucharlo alto y fuerte. No, no es una religión. Simplemente es la voluntad de cambiar.

De entrada, no sé si tenga éxito, no sé si sea bueno, o malo. No sé muchas cosas, tengo miedo, pero no hay de otra, como bien lo dijiste, o tomo la decisión, o veo a los demás tomarla ellos mismos.

Lo que siento ahora, creo que es lo más parecido a la fé, porque a pesar de todo, confío en mi, no sé a donde llegaré, pero el viaje es muy prometedor.

Hoy hay nuevos horizontes por descubrir.

Pd. Mientras redacto este post, creo que lo primero que haré será hacer uso del trackpoint de la thinkpad, mucho me he resistido a hacerlo por seguir con el trackpad de siempre. No es mucho, pero es el ejemplo de que me va a costar uno y la mitad del otro hacer algo diferente que en el día a día venía haciendo siempre igual.

Pd2. Probablemente sea tiempo de que regrese Natalia.

Pd3. La gran maquinaria se ha puesto en marcha, tal vez fracase, o tal vez no, pero estaré haciendo algo para saberlo (esa, es la diferencia). Consúmete en tu propia llama, y cuando sólo hayan quedado cenizas, vuelve a renacer, como el fenix. Como el antíguo nombre de este blog. Fenix Kike.

Imagen

Bytes.

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