Yo no tuve/tengo un súper papá…


Es de todos sabido que en cuestión de familias, no se pueden sumar peras con manzanas, ni comparar ni una sola de ellas.

Cada una tiene su propio ecosistema, basado en ciertos valores más o menos aceptados por sus integrantes (digo lo de más o menos, porque está cabrón que dos personas compartan valores por toda una vida, ahora imagínense más de dos..). Pero bueno, de niño no recuerdo haber visto a mis padres como mis héroes, (ni sabía que era eso), o sea, siempre los he querido mucho, pero nunca me emocionaba como mis demás compañeritos cada que sus papás hacían algo “súper” como ir a sus juntas, o ir por ellos a la escuela, yo no, la verdad es que siempre fui (quiero pensar) un poco independiente de ellos, y ellos aunque diga yo que no, siempre estuvieron (y siguen estando) ahí, cuando los necesité(o).

Casi nunca escribo de ellos aquí, un tanto porque supongo que escribir un blog, o un libro o algo, es como muy egoísta, (sólo escribes lo que a ti se te da la gana, y pocas veces, buscas incluir a alguien más como “invitado” con el riesgo de que se pueda llevar la poca o mucha atención que tengas) bueno, al menos eso supongo, la meritita verdad, no lo sé.

Yo digo que mi papá nunca ha sido un “súper papá” como los que ya dije, los de mis compañeros, que a mi nunca me dieron envidia, jeje, siempre los demás me parecían muy “ñoños” desde que recuerdo, allá por los tiempos de la primaria, así que afortunadamente nunca les envidié relación alguna de padres e hijos. Yo fui feliz, con todas las altas y bajas (y aún lo soy). Siempre ocupados trabajando, cuidando (y lo más difícil, educando) niños de otros papás, de otra gente, de otros extraños que pudieron o no (la verdad es que la mayoría no) agradecerles por su dedicación, mientras que nosotros (mi hermano y yo) nos cocíamos aparte, éramos como la hierbita silvestre, que crece solita, y no necesita tanta atención (en parte porque creo que sabían lo que hacían cuando nos educaban, aunque seguro ellos dirán lo contrario), nunca dimos problemas graves, salvo dos o tres veces cada uno, y eso ya digamos, en la secundaria, cuando ya no estábamos bajo el ojo vigilante de ambos.

Jeje, recuerdo una anécdota de nuestra infancia, mientras mis papás vendían tacos de suadero en Oaxtepec los fines de semana, hace ya muchos años. En los tiempos en los que cada fin de semana era un martirio no sólo para el pequeño Kike y el pequeño Danielito, que tenían que ir parados en el camión ida y vuelta México – Cuautla, (y digo no sólo para nosotros, porque seguro que los pasajeros que nos rodeaban, nos alucinaban por no dejarlos dormir en paz en el trayecto).

Bueno, un día, mientras mis papás habían ido por garrafones de Agua para lavar los trastes y las verduras a casa de mi Abuelo, (que estaba a dos cuadras de donde estaba aquél puesto de lámina (a.k.a “casilla”), los dos niñitos se quedaron cuidando el changarro, haciendo uso de sus melodiosas voces, invitando a consumir aquellos ricos tacos, total, sus apás ni se iban a tardar. De repente, un rechinido tal como si aplastasen una lata de coca cola con los pies, sorprendió a los pequeños, mientras veían como el espacio de su izquierda se hacía más y más pequeño en un santiamén, cuando el ruido se detuvo, tuvieron la curiosidad de salir, por la pequeña puertita de lámina, pero no pudieron, alguien les había hecho la mala broma de trabar la puertita, y los había dejado encerrados sin poder observar nada, tan sólo con el sonido de unos gritos a lo lejos.

Los gritos pertenecían a una señora (a.k.a “Doña Luz”) que se dirigía a un par de señores de una camioneta de 3.5 ton, que se había pasado a llevar parte del puestito de tacos “de los maestros”, pfff, nosotros ni nos habíamos percatado de que al otro lado de la calle, nos tenían bien vigiladitos, confiados hacíamos fiesta mientras mis papás regresaban, mírate, lo que son las cosas, uno nunca sabe quien espía. De repente, no sólo era Doña Luz, sino un puñado de gente más, que a falta de los dos principales afectados (que habían ido por agua para lavar los platos y las verduras) ya les habían parado la camioneta y no dejaban ir a estos señores, nos sacaron por las “ventanitas” del puesto, y nos llevaron al local de “Doña Luz” (por cierto, vendía unas gorditas de requesón, buenísimas, las mejores que he probado en la vida, ever), ahí pasamos un rato bastante largo, aburriéndonos, con uno de sus nietos. Para este momento, ya nuestros padres habían llegado a la escena, y se encontraban arreglando el asunto.

Afortunadamente, no pudimos ver sus caras de preocupación, hasta ya entrada la noche, que pasaron por nosotros para irnos a casa, mi madre, con su sonrisa de siempre, como si no hubiera pasado nada, y mi padre, igual, jeje, obviamente sabíamos que algo había pasado, y algo grave, puesto que siempre que terminábamos a la custodia de alguien más sin explicaciones, y que sólo se limitaban a responder “ahorita vienen sus papás, fueron a un mandado”, era signo inequívoco, de que era mejor que no estuviéramos con ellos, no fuera a ser la de malas, y en vez de ayudar, regáramos todo el tepache.

Tengo pocos recuerdos de mi infancia, (o quizá no, pero no es fácil que acceda a ellos), como todo, algunos muy bonitos, por los que puedo decir que ha valido la pena vivir, y otros no tanto, digamos, enseñanzas para el extraordinario jeje. Aún así, mis papás son la onda.

Hoy asaltaron a mi papá, uno se siente de la fregada cuando te dicen que la seguridad de alguien a que amas fue vulnerada, no importa como, ni donde, ni cuando, la sensación, es horrible. Afortunadamente, está bien, y sólo hay que lamentar la pérdida de unos pesos.

Mucho se dice, entre el círculo de los papás, que si están o no orgullosos de sus hijos y así, pero poco se dice de lo orgullosos que están los hijos de sus papás. Yo la verdad, no puedo pedir más, uno no los elige, pero si me dieran a elegir, los elegiría a ellos una vez más.

Si me voy de este mundo antes que ellos, espero que un día se encuentren con un poco de lo que fue mi vida a través de estas palabras, y sepan que, aunque no se los digo diario (#yomuymal por eso), estoy agradecido (con Dios, el universo, o el sustantivo que quiera ponerle) por tenerlos un día más, conmigo.

Los quiero por todo lo que fui, lo que soy, y lo que seré.

Bytes.

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