Lo que uno no tiene, no lo puede dar…


Bueno, al menos eso es lo que dicen, y aunque la mayor parte de las ocasiones es así, ¿qué pasa cuando tienes algo, y lo puedes dar, sin embargo, la otra persona no lo puede recibir?

Sí, tanto nos quejamos de no poder “amar” (bueno, enamorarnos al mismo tiempo, para no meternos en temas más profundos), pero a veces las cosas se complican tanto, que pensamos que nosotros somos los que somos incapaces de eso, cuando sucede, que es la otra persona la que está incapacitada para recibir lo que nosotros podemos dar. ¿Se han planteado esa posibilidad? ¿no? ¿por qué?

Digo, es cierto, en ocasiones uno la riega por andar regalando por ahí pedazos de su corazón, como si fueran cupones de descuento. Pero cuando sin motivo, nos tropezamos con alguien, a quien podemos y queremos dar algo de nosotros y que, a primera vista, esa persona quiere lo que le ofrecemos, no siempre resulta tan sencillo. Las personas somos un caldo de cultivo de muchas singularidades, y no siempre podemos transferir completamente lo que queremos, de hecho, damos por hecho que lo que queremos transmitir, llegará a esa persona de la misma forma en la que nosotros lo percibimos.

Puede aplicarse al conocimiento, a la experiencia, a los consejos, y seguramente que a muchas cosas más, pero también, puede aplicarse a esos extraños sentimientos de los que somos parte la mayoría del tiempo, el amor, la pasión, la amistad, la ira, etc…

Desgraciadamente, no podemos saber “a priori” cuando la otra persona está o no preparada para recibir lo que deseamos compartirle, no es sino hasta el preciso momento “de la transferencia” cuando nos damos cuenta de su capacidad.

Creo que la mejor manera de tratar de anticiparnos a esto, es con muy buena comunicación, aunque claro, no es garantía, y una buena comunicación se basa en la confianza mutua.

¿Tú, en quién confías? y sobre todo ¿confías en que estás comunicándote, quizá no de la forma “correcta”, sino de la que te es más satisfactoria?

Yo acabo de zarpar en mi pequeño barco de certezas, tratando de cruzar el inmenso mar de dudas, o quizá ya he hecho ese viaje, tiempo atrás…

Soy como la luz del relámpago en una noche oscura, y así puedes tratar de verme…

Bytes.

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