¿Conductor o Pasajero?


Hoy, el día comenzó con un taller de manejo del tiempo, impartido por mi jefe, y pues…

Se sabe que no soy fan declarado de las recetas mágicas, la inteligencia emocional, el yoga, y todas esas teorías/religiones/prácticas que prometen darte la solución a tus problemas, al menos no a rajatabla, la experiencia de existir estos pocos años, me ha llevado a aprender que esas recetas no existen, y que sólo puede haber soluciones similares, para problemas similares, o sea, “casos de éxito” con sus circunstancias muy particulares (regularmente irrepetibles).

Pero como este año quiero mantenerme abierto a todas las posibilidades y no desdeñar (sí, de verdad, intentaré no hacerlo) las alternativas que se me presenten, pues me mantuve atento al taller.

Lo primero que debo de reconocer, es que efectivamente, la falta de disciplina y organización son mi pan de cada día para la mayoría de las cosas, aunque en mi defensa, debo decir que para ciertas cosas llego a ser casi dogmático y protocolario, tanto o más que “el deber ser”.

Las conclusiones fueron variadas:

1.- Ser congruente (les consta que me esfuerzo por lograrlo)

2.- Aprender a decir NO, (bueno, a veces me paso de buena gente, y eso no nos ayuda, ni a mi, ni a los demás)

3.- Llevar una agenda (o cualquier “sistema” de gestión y organización de actividades o tareas) obvio, como era un taller para la oficina, la herramienta más obvia de usar es (la suite de Lotus, aunque no tenga sincronización con gMail ¬¬)

4.- Fijarse propósitos claros (a.k.a, objetivos, metas, actividades y tareas a cumplir con tiempos y niveles de servicio (a.k.a calidad) en todo lo que uno se proponga, me recordó mis primeros años de la facultad, hasta vimos que era eficiencia, eficacia y efectividad XD, Ay, Lupita, me trasladé a una de tus clases).

5.- Evaluar lo que uno se propone, medir y medir, y cuando termines, medir otra vez.

En la práctica, pues en Año nuevo se me ocurrió un “propósito”, pero más que eso, se me ocurrió como un experimento, recoger y guardar (ahorrar) todas y cada una de las monedas de a $10 pesos que pasaran por mis manos, no las gastaría, a ver hasta donde llegaba, me agrada imaginar la cantidad de monedas del mismo tipo que puedo recolectar (aunado al valor financiero que puedan tener), ¿de donde surgió la idea? recordé una plática con Luis Eric, sobre las monedas de a $10 que se lanzaron al mercado conmemorando el Bicentenario de la Independencia y el centenario de la revolución (ah, esperen, creo que esas monedas conmemorativas eran las de $5 cierto?) bueno da igual.

Las analogías también estuvieron presentes, sobre todo en la que más nos centramos, la de ser ¿conductor o pasajero de nuestra propia vida?, ya saben, si eres conductor entonces marcas la diferencia, eres innovador, no le tienes miedo a nada, y bueno, en resumen, eres un líder como pocos, si eres pasajero, pues… sí, prácticamente eres uno de los que viajan en los abarrotados vagones del metro día con día. Por decirlo así.

El punto es, que aunque Javier (mi jefe) dice que debemos ser conductores, (y cualquiera con dos dedos de frente debe estar de acuerdo, es como si te preguntaran ¿que prefieres, ganar o perder? obvio, sabemos que respuesta ganará. Bueno, yo creo que no necesariamente, que a lo largo de la vida, vamos alternando entre estos hipotéticos casos, de ser conductor y pasajero, porque son tan mutuamente excluyentes como el ying y el yang.

Aquí va el momento random del día, de esos que sabes, son una señal divina (o diabólica, o de quien sea). En el camino, mientras regresaba a casa, a la altura de aeropuerto (zona que es bien conocida porque SIEMPRE (siempre) hay tráfico, iba circulando cuando, de pronto, mirando la carretera, vi algo que se movía despacio y tembloroso, una pequeña masa de pelos blancos, como si se tratara de un peluche con vida propia. Sorpresa, era un pequeño gatito que se encontraba justo en el carril central (de los tres que había) de eje 1 norte, pff!!!! no supe como reaccionar, así que lo único que atiné a coordinar, fue pasar lo más lento y lo más lejos posible de aquella criatura, tratando de no asustarla, para que su vida llegara a su fin.

¿Y la señal apá? pues esa, esa pequeña y casi insignificante forma de vida animal, se encontraba en el lugar equivocado, en el momento equivocado, vamos, ya ni los ambulantes que te venden las papas y los cacahuates jugándose la vida en la raya –sic- que divide los carriles… (Bueno, ellos saben lo que se juegan) pero esa cosita indefensa…

Apenas unos segundos después, me cayó el veinte, después e haberla dejado a su suerte, me puse triste, porque lo más probable es que después de que yo pasé, uno de los tantos otros conductores pudo no verlo y terminar con él. Debí (sí, debí) haberme detenido y levantarlo, ya había probado lo afortunado que era al pasar dos de los tres carriles sin ningún rasguño, con todo y sus incipientes y erráticos movimientos de recién nacido. ¿Y yo no hice nada?

Lo cierto es que, aunque técnicamente yo era el conductor, en realidad fui el pasajero, no supe hacer valer lo que en verdad quería, porque obviamente lo quería, quería salvarlo y llevarlo conmigo, no hubiera importado detenerme, bajar por él y volver al camino, me hubiera tomado unos segundos, y con el tráfico que había, ni quien lo hubiera notado. Pero así son las oportunidades de hacer el bien que se nos presentan, fugaces.

Sólo espero que no le haya pasado nada, aunque insisto, las probabilidades no eran para nada alentadoras.

Así que, súmanos una nueva duda existencial a la larga lista que ya tengo, ¿Soy conductor, o pasajero?

Reflexiones de un viernes por la noche, cuando las serendipias salen a la calle en tu búsqueda y tu, como buen mortal, ni te enteras de los planes que tiene el universo para ti.

Bytes.

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